A veces hay oportunidades en la vida que no hay que dejar escapar... quizá se consigan o quizá no, pero lo que está claro es que hay que luchar por lo que queremos, por lo que deseamos.
Una mañana del invierno del 2014, me levanté con el corazón en un puño, debía de dejar a mi hijo de 5 meses en la guardería, acababa de salir del hospital por una complicación en los bronquios, y tenía una pena en mi que nada podía consolar.... Y se me ocurrió. Si tuviese un negocio propio no tendría porqué llevar al peque a la guardería... si fuese mi propia jefa, podría tener un área para mi chiquitín, para que jugase y no estuviese cada semana enfermito por culpa de los varios virus de la guardería... pero, ¿Qué negocio? Todo está ya inventado... te dicen: debes de ser diferente, innovador... pffff pamplinas, puedes poner una tienda de moda con la mejor y mas variada ropa, los maniquíes del revés, y colores fosforescentes por todo el local, y acabar en la ruina igualmente... Tenía que pensar, algo que no existiese, algo que yo como mujer, madre necesitase... Y allí apareció la idea. Esa idea que iba probablemente a cambiar mi vida para siempre.